No sé cómo empezar, pero siendo la alegría lo contrario a la tristeza, y siendo que suelo conservar las tristezas para mí, lo natural sería compartir la alegría.
Hace un par de años, en uno de los mil intentos por organizar la información digital que he ido acumulando en mi andar por la tecnología, y sobretodo la que colectivamente acumulamos en los días de Pi Radio, pedí prestado una cajita de ésas que sirven para conectar discos duros a través de una interfaz USB, para poder pasar info de un disco a otro sin tener que estar interactuando con la placa madre, la fuente de poder y los jumpers. Parecía una buena idea pero el resultado fue terrible: el disco duro que guardaba todos los spots, programas y conciertos grabados, entrevistas, páginas web, correos electrónicos y demás información de Pi Radio, resultó formateado. En un abrir y cerrar de ojos todo el trabajo de grabar, las obras maestras que de vez en cuando conseguimos, los bloopers, las pruebas de que alguna vez existió Pi Radio, se había ido.
Me causó una enorme tristeza, y como decía, no comparto las tristezas, y simplemente me quedé callado.
No sé exactamente cómo pasó, pero asumo que el convertidor ide-usb inyectó más energía de la necesaria al disco duro, y éste no resistió la sobrecarga.
Durante varios días o semanas, en los días siguiente, y varias veces después, intenté recuperar la información con unos y otras herramientas, pero nada funcionó. El disco de 120 GB aseguraba no tener un solo archivo, y yo aseguraba que estaba lleno.
Pero hace más o menos una semana, decidí reiniciar el proceso de sistematización de toda la información. El recuento inicial decía que había 10 discos duro, de los que 2 no servían. Decía también que eran 4 de 250 GB, uno de 120, 2 de 80 y 3 de 40. De pura música podría llenar uno de 250, pero había 190 en uno, 20 en otro y unos 10 repartidos entre los demás. Por si no bastara, el que tenía esos 190, tenía dos particiones, una de 200 y la otra de unos 37, por lo que si quería juntarla toda tendría que copiarla a otro disco y rehacer la tabla de particiones.
Si descartaba que copiar tantos gigas de un disco a otro usando convertidores ide-usb o sata-usb es un proceso sumamente lento, lo demás sería más o menos sencillo.
Tocó hacer una lista con los discos y la información que contenían, además del sistema de archivos que tenían (había unos vfat, otros ntfs y algunos más ext3, que es el que linux utiliza de forma nativa). Con esa lista tocó hacer cálculos para poner peras con peras y manzanas con manzanas, de manera que toooooda la música estuviera en un lugar, toooodos los programas en otro, todos los archivos de las páginas web en otro, y así.
Anoche reintenté recuperar la información del disco duro de la Pi, y el resultado fue exactamente el mismo: todos los programas e intentos servían para lo mismo que sirve una piedra en la rivera (aventarla en momentos de desolación). La primera parte del proceso de recuperación inició a las 0:27 y debía acabar a las 3:40, así que me fui a leer y me quedé dormido. Regresé un poco después de las 6, pero sólo para descubrir que había vuelto a fallar. Pero era mucha información, y a diferencia de los más de 200 GB de música, que sería muy difícil volver a conseguir, pero que no sería imposible, ésa información, ésos audios, eran únicos e irreemplazables. Volví a intentarlo.
Son las 15:25 del domingo 5 de abril de 2009 (hoy es el cumpleaños de Sbey), y aunque apenas he recuperado el 13% de un poco menos de la mitad de la información, esta vez está funcionando. Seguro me llevará lo que resta del día, si no es que una parte de mañana también, pero estoy inmensamente feliz.
Quería compartir esa alegría.
Faltan 25 días.