La próxima semana se cumple ya un mes desde que entramos por primera vez a la casa que alojaría a la Cereza, desde entonces comenzó la labor, arreglos diversos y sobre todo los sueños, particulares y colectivos, aquellos que se han juntado para hacer una gran espiral de sueños, deseos y trabajo duro, que ahora se vive y se contagia en aquella casa.
El verde se ha empezado a apoderar del espacio, la arcilla gris que se imponía a nuestros pies no es más, ahora un colorido verde nos da la bienvenida al entrar y también nos emociona al mirar la vieja antena abandonada, la vida crece y vuela ya a toda prisa, se ha dado cuenta que los suelos nuevamente se nutren con el esfuerzo y el cariño de emprender un nuevo proyecto en y para nuestras comunidades.
Vamos poco a poco, no lento, un día se arregla una cosa y otro día planeamos espacios, todos los días se riega el pasto y ya iniciamos la composta de la casa (huele bien) -gracias a todos los que han aportado para irla llenando, nutriendo, de las cosas que ya no son ni serán más basura- .
Para aterrizar no hay nada mejor que meter las manos en la tierra y eso nos lo está demostrando el huerto que desde ahora se inicia en la Cereza, pasarán varios días y semanas antes de que veamos el rojo intenso de los tomates “ojo de pájaro” que buscan la luz para salir del almácigo ahora que apenas son semillas, incluso, para ver las primeras ramitas de las lechugas que adornarán y atraerán a los pájaros e insectos de cerca; pero la vida ya se nota, la vida de ahí ya nutre la nuestra.
Estaremos todos los fines de semana procurando nuestro huerto, para que después ella (la pacha mama), en reciprocidad, pueda procurar nuestros estómagos y economías, por lo menos, eso esperamos de este proyectoque se articula a los otros que empiezan a andar y los que están por venir aquí en la Cereza.
Los esperamos a sembrar y a esperar laboriosos el tiempo de la cosecha…
Lucy